sábado, 6 de noviembre de 2010

Corre

Corre, corre, corre...
El aire se te va... no puedes respirar con regularidad, mueves tus piernas a toda velocidad pero ya no quieren seguir...

Estás a punto de darte por vencida... tienes miedo...
oyes sus pasos... están cerca de ti... sigues corriendo...
¿Por qué no pasa nada?, ¿por qué no llega una luz misteriosa a salvarte?... no entiendes, pero mantienes la esperanza y sigues corriendo...

Unas lágrimas rodan por tus mejillas, no puedes más, tu corazón late muy fuerte, ya sólo oyes tus latidos, a tu alrededor no hay otro sonido que tu latir...

También sudas, hay una especie de calor en tu cuerpo pero también escalofríos...
No voy a poder, repites varias veces, quieres gritar, pero sabes que nadie te va a escuchar...
No sabes cómo fue que llegaste a ese lugar, cómo empezó todo, cómo fue que te quedaste sola y sobre todo, en qué momento te perdiste...

Corre, corre, corre...
Ahora entiendes el instinto de supervivencia del que habias escuchado hablar antes, no es tan sencillo como parece... La realidad, la desesperación, jamás podrán ser totalmente transmitidas a través de un libro o una película de horror...

¿Es ésta una película de horror?, te preguntas con la esperanza de que sea así y que al final tu seas la típica sobreviviente y sólo sea una historia que contar... pero eso no sucederá y lo sabes... tu frustración aumenta.
Ellos están tras de ti... los oyes...o eso crees... sus risas, sus voces, hasta su respiración.
No sabes qué hacer, ya no puedes más, estás a punto de rendirte... comienzas a resignarte... a suplicar que todo acabe rápido...respiras...

Corre, corre, corre...
Aunque trataste, no pudiste parar, no te quieres dejar derrotar, aún puede pasar algo -repites- aún te puedes salvar. Piensas en todo lo que hace que la vida valga la pena, piensas en que debes seguir corriendo.
Corre, corre, corre...

Tropiezas, ellos te van a alcanzar, la deseperación se adueña de tu cuerpo y sólo deseas que todo acabe, pero no acaba, no es tan fácil. Encuentras un callejón, te introduces en él, comienza la calma, respiras profundamente, sigues caminando de forma apresurada, parece que los has perdido de vista, vuelves a la calle principal y caminas con tranquilidad, llega a ti la calma, el volumen de tus latidos disminuye y es más fácil escuchar tus propios pensamientos...

Descansa... aprovecha el momento... vive... dentro de poco tus miedos volverán a encontrarte, correrán tras de ti y quizás entonces no puedas correr tan rápido o no encuentres donde esconderte.  

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