miércoles, 19 de junio de 2013

Buscarlo en otras personas no servía de nada, él ya no estaba, y no había posibilidad de que un día se apareciera, como solía hacerlo, en los momentos menos imaginados. Miranda tenía que acostumbrarse a esta realidad y continuar su vida evitando buscar en las personas que conocía rasgos de aquella persona que había impactado tanto su vida.

Después de su encuentro en la biblioteca, Miranda veía de manera regular con Daniel en los pasillos, avenidas y centros cercanos a la universidad, casualmente ambos descubrieron que pasaban por los mismos lugares y en horarios similares desde hacía algún tiempo, sin embargo, nunca antes se habían prestado atención ¿no es curioso cuanta gente no conoces, pero ves a diario? Para Miranda se trataba de una cuestión del destino, a veces te toca conocer a alguien, a veces no. Pero si él "estaba" en su destino, ¿por qué no podía ser algo más que un conocido en su vida? se preguntaba la chica, tal vez la respuesta la descubrió el día en que recibió la noticia de su accidente, o tal vez nunca buscó realmente la respuesta a esa pregunta, con las cosas del destino nunca se sabe ¿no?, ni siquiera si existe. 

El tiempo que convivían lo pasaban hablando de cosas sin sentido, ninguna conversación en realidad permanece en la mente de Miranda y quizás ni siquiera importe mucho, pues no era el contenido de las pláticas, sino lo bien que se sentía, la satisfacción que experimentaba al sentirse escuchada con tanto detenimiento y la gran tranquilidad que vivía a su lado, en verdad, por cursi que sonara: se detenía el tiempo.

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